Con animales cedidos por el Ministerio de Guerra, el 3 de agosto de 1932 se iniciaron los primeros ensayos para incorporar al perro a la función policial. Al respecto, la experiencia de su utilización en el Ejército Nacional y en policías extranjeras había arrojado resultados favorables.
Para su entrenamiento se contrató a un experto de nacionalidad alemana, Federico Bandles, que adiestró en su casa un grupo de hasta 27 animales a los cuales se les asignó 27 agentes seleccionados para ser sus guías. Este nuevo organismo funcionó bajo la órbita de la División Seguridad y estuvo a cargo del 2º Jefe de la misma, el Subcomisario Ricardo López. Cumplidos los entrenamientos, los agentes fueron distribuidos para recorridas nocturnas en barrios apartados de la ciudad en las comisarías 29, 33, 34, 36, 37, 38, 39, 40, 41, 42, 43, 44 y 45.
Por Orden del Día del 16 de mayo de 1933, se Reglamentó la Sección Perros de Policía, oficializándose su creación. Su Jefe sería un Oficial Principal, para lo cual al día siguiente se designó al Principal José Luis Vocaturo. Junto a los agentes guías, lo acompañaba un director veterinario.
Entre los animales más destacables se encontraron Arras (ovejero alemán) y Mono (Greenendhal) que fue multipremiado en diversas exhibiciones y competencias y prestó importantes servicios de identificación con el área de investigaciones.
De raza Groenendel, eL can de la Policía de la Capital, “Mono” estuvo operativo entre las décadas de 1930 y 1940. Prestó servicios en las patrullas como perro de defensa y rastreo. A lo largo de su vida policial supo demostrar su extraordinaria capacidad como sabueso. En 1938 cooperó en el esclarecimiento del homicidio de un menor en Córdoba y realizó tareas similares en Mar del Plata en 1947 con motivo de la desaparición de una persona. En 1944 tuvo una participación activa en la búsqueda de evadidos en la ciudad de Marcos Paz. Paralelamente compitió con notable éxito en exposiciones y concursos caninos obteniendo 15 primeros premios, 7 segundos premios y un tercer premio.
Con la matrícula 716 asignada, el 7 de septiembre de 1977 ingresaba a la División Perros de la Policía Federal Argentina, un manso y obediente cachorro: Chonino. Tal fue la ductilidad y eficacia demostrada durante su entrenamiento que rápidamente pasó a cumplir servicio efectivo. Su primer servicio fue en la cancha y debutó nada más y nada menos que en el Mundial ’78. Desde su iniciación fue orientado en la función de “compañía y seguridad”, poniendo siempre en evidencia los altos valores de esta raza, típica por sacrificar hasta la propia vida en defensa de su guía.
El 2 de junio de 1983, siendo aproximadamente las 20 horas, durante una recorrida en la jurisdicción de la comisaría 45 de servicio junto a los agentes Luis Sibert y Eduardo Ianni, se toparon con un auto estacionado con dos personas en su interior en actitud sospechosa. Al tratar de identificarlos, los agentes fueron sorpresivamente agredidos con armas de alto calibre. Con gran dificultad los agentes lograron repeler el ataque. Pero en esa acción contaron con la invaluable colaboración de Chonino quien con su reacción neutralizó a uno de los agresores y logró arrancar con sus dientes un bolsillo con documentación que permitió luego la individualización de los atacantes.
Pero el destino quiso dejar un triste sello. Y al darse a la fuga, hirieron fuertemente al agente Ianni y al perro policía. Chonino murió en el lugar del hecho y Eduardo Ianni transcurrido unos meses como consecuencia de las heridas. Por su valía y abnegación, Chonino fue declarado “muerto en acto destacado de servicio” por la Policía Federal Argentina. Sus restos son exhibidos en el Museo Policial. En su honor, el día 2 de junio fue declarado “Día Nacional del Perro”.